Un cabello que se riza con la primera llovizna y otro que se queda pegado a pesar del brushing no requieren el mismo champú, ni el mismo gesto de secado. Reconocer tu tipo de cabello es, ante todo, observar lo que sucede en tu propia cabeza entre dos lavados, no marcar una casilla en un envase. La textura, la porosidad y el estado del cuero cabelludo forman un trío que determina casi toda la rutina capilar.
Porosidad y cuero cabelludo: los dos criterios que la clasificación no muestra
La tipología de Andre Walker (tipos 1 a 4, subdivididos en A, B, C) sigue siendo un referente útil para describir la forma del cabello. Se utiliza a diario para elegir un corte o un producto de peinado. Sin embargo, no dice nada sobre la capacidad del cabello para absorber agua ni sobre el estado de la piel que lo sostiene.
La porosidad condiciona la eficacia de cada tratamiento aplicado. Una prueba simple permite situarla: se coloca un cabello limpio en un vaso de agua y se espera unos minutos. Si flota, la porosidad es baja (las escamas están cerradas, el producto permanece en la superficie). Si se hunde rápidamente, la porosidad es alta (las escamas están abiertas, el cabello absorbe rápido pero pierde la hidratación igual de rápido).
En cuanto al cuero cabelludo, las tendencias recientes del sector capilar desplazan la atención hacia la barrera cutánea, el equilibrio del microbioma y la sensibilidad. Algunas marcas ahora ofrecen sérums, exfoliantes y mascarillas específicas para el cuero cabelludo, independientemente de la textura de las longitudes. Un cuero cabelludo graso asociado a puntas secas es una situación común que la única clasificación por tipo no resuelve.
Para situarte mejor en esta cuadrícula, puedes consultar los diferentes tipos de cabello en Beauté Chic, que detalla las grandes familias de texturas.
Frecuencia de lavado: adaptar el champú al cuero cabelludo, no a la textura

Se suele escuchar que hay que espaciar los champús para no agredir el cabello. La American Academy of Dermatology recomienda más bien adaptar la frecuencia a la velocidad con la que el cuero cabelludo se vuelve graso o sucio. Un cuero cabelludo graso en cabellos lisos puede requerir un lavado diario, mientras que los cabellos gruesos, rizados o crespos se lavan solo cuando lo necesitan.
La regla práctica: aplicar el champú en el cuero cabelludo, no en las longitudes. El producto limpia el cuero al deslizarse naturalmente hacia las puntas durante el enjuague, lo que limita la deshidratación de la fibra. Las opiniones varían sobre este punto según el grosor y la densidad, pero el principio sigue siendo el mismo para todos los tipos.
Algunas pautas concretas según la naturaleza del cabello:
- Cabellos lisos (tipo 1) con cuero cabelludo graso: un lavado todos los días o cada dos días, con un champú suave sin sulfatos agresivos.
- Cabellos ondulados o rizados (tipos 2 y 3): generalmente, dos a tres lavados por semana son suficientes, complementando con un co-wash (lavado con acondicionador) si los rizos carecen de definición entre los champús.
- Cabellos crespos (tipo 4): un lavado semanal, a veces menos, insistiendo en la hidratación después de cada contacto con el agua.
Rutina capilar según la textura: gestos concretos para cada tipo de cabello
En lugar de listar productos, concentremos en los gestos que realmente cambian el resultado a diario.
Cabellos lisos y finos: volumen sin pesar
El sebo se distribuye rápidamente en un cabello liso, lo que da un aspecto plano desde el día siguiente al lavado. Aplicar el acondicionador únicamente en las puntas evita aplanar las raíces. Se evitan los aceites densos y las mantecas capilares, que pesan la fibra. Un spray texturizante a base de agua salada puede devolver cuerpo entre dos lavados.
Cabellos ondulados: preservar la onda sin frizz
Las ondas de tipo 2 se deforman fácilmente al secarse. Scrunchear el cabello (presionarlo subiendo de abajo hacia arriba con una toalla de microfibra) justo después del lavado ayuda a mantener la forma de S natural. Un leave-in ligero aplicado en cabello mojado es suficiente para mantener la hidratación sin romper la onda.
Rizos y cabellos crespos: hidratación en capas
En las texturas de tipos 3 y 4, la técnica del layering capilar funciona bien: se superpone un producto hidratante a base de agua, luego una crema o un lácteo, y finalmente un aceite o una manteca para sellar. Es el principio LOC (líquido, aceite, crema) o LCO según las preferencias.

El desenredado se hace siempre con el cabello húmedo, con un peine de dientes anchos o con los dedos, comenzando desde las puntas hacia las raíces. Tirar de un cabello crespo seco es romper la fibra.
Protección térmica: una barrera parcial que no hay que sobreestimar
Los aparatos de calor (plancha, secador, rizador) alteran la queratina del cabello, aumentan la sequedad y favorecen la rotura. Los termoprotectores reducen los daños sin anularlos completamente. Esta distinción es importante, especialmente en cabellos ya coloreados o decolorados, donde la fibra ya está debilitada.
Algunos reflejos a tener en cuenta:
- Reducir la temperatura del aparato al mínimo efectivo, en lugar de subir sistemáticamente al máximo.
- Aplicar el termoprotector en cabello húmedo, mechón por mechón, para una distribución homogénea.
- Limitar el número de pasadas de la plancha sobre el mismo mechón, especialmente en cabellos finos o porosos.
- Espaciar las sesiones de alisado o rizado con la plancha tanto como sea posible.
En cabellos ya sensibilizados por tratamientos químicos, alternar con técnicas sin calor (bigudíes flexibles, trenzas nocturnas, plopping) protege la fibra a largo plazo.
La rutina capilar más eficaz sigue siendo aquella que parte de lo que se observa en la propia cabeza, no de una tendencia o de una promesa de envase. Un cuero cabelludo sano y una fibra correctamente hidratada producen resultados visibles mucho antes de la compra del enésimo sérum de moda.



